ramente espectacular.
Son dragones, una de las tantas artesanías del Arte Barroco elaborados con las manos de aquél que como muchos otros, hacen de su amor y pasión la manera de subsistir, inmemorable oficio artesanal el cual se ha degradado y desvalorado ante una sociedad capitalista que sólo aprecia las marcas y los iconos de la moda actual.
Momias, elfos, caballeros escandinavos, vikingos, demonios, duendes; todos ellos representando una mitología, un pueblo que en algún tiempo vivió, dieron su ser y existencia para ella. Cualquiera que haya leído estas historias puede fundir y revivir mágicas leyendas que habitan en quien aun cree que la magia es real.
Cada escultura ha pasado por procesos en el que se toma con gran cuidado los más mínimos detalles: la forma en que se moldea la resina, se pule para luego darle vida y color, además se implementan técnicas de envejecimiento que hacen que la creación se apodere de un espíritu viviente.
Al final, son exhibidos por sus creadores en “El septimazo”, costumbre cultural de los citadinos donde se ofrecen diferentes artículos. Allí se pretende recibir una remuneración al esfuerzo y dedicación de los artesanos.
Es fácil evidenciar que por medio de sus esculturas podemos casi que palpar el espíritu de quien las construye.

